Articulo #266
Vendimia 2026: buena calidad en un escenario climático cada vez más exigente

Vendimia 2026: buena calidad en un escenario climático cada vez más exigente

POR EDITORIAL

AGOSTO DEL 2026

La vendimia 2026 dejó un balance marcado por el contraste. Por una parte, las uvas llegaron a las bodegas con buenos niveles de madurez, un estado sanitario mayoritariamente favorable y una calidad general evaluada positivamente. Por otra, la temporada estuvo condicionada por temperaturas superiores a lo normal, baja disponibilidad de agua, lluvias inoportunas y una creciente heterogeneidad entre los distintos territorios vitivinícolas del país.

Estas son algunas de las principales conclusiones del Informe de Vendimia 2026, documento elaborado sobre la base de antecedentes agroclimáticos oficiales y de una encuesta aplicada por la Asociación Nacional de Ingenieros Agrónomos Enólogos (ANIAE) a productores de uva y elaboradores de vino.

El estudio reunió información de viñedos y bodegas situados entre las regiones de Arica y Parinacota y Aysén, incluyendo zonas tradicionales, emergentes y patrimoniales como Codpa, Pica, Chile Chico y Puerto Ibáñez. La encuesta fue respondida por 64 unidades productoras de uva, que representan 9.677 hectáreas, y por 85 unidades elaboradoras de vino, que en conjunto procesaron 596 millones de kilos de uva y produjeron aproximadamente 407 millones de litros de vino. Los resultados ofrecen una radiografía amplia de una temporada que volvió a exigir una gran capacidad de adaptación tanto en los viñedos como en las bodegas chilenas.
El verano de 2026 presentó temperaturas máximas superiores a los promedios históricos en gran parte del territorio nacional. Enero fue particularmente cálido y registró distintos episodios de olas de calor. Esta mayor acumulación térmica aceleró la maduración, favoreció el aumento de los niveles de azúcar y adelantó la fecha de cosecha en numerosas zonas productoras.

El 48% de los viticultores consultados señaló que la vendimia comenzó dos semanas antes que en 2025. Otro 16% reportó un adelanto de una semana y un 10% indicó que la cosecha se anticipó tres semanas. Solamente un 14% afirmó que no existieron diferencias significativas respecto de la temporada anterior, mientras que los casos de retraso fueron minoritarios.

En consecuencia, casi tres cuartas partes de las respuestas describieron algún grado de adelanto. Este fenómeno no es un dato menor. La anticipación de la madurez obliga a reorganizar la disponibilidad de trabajadores, la logística de transporte y la capacidad de recepción de las bodegas. También reduce los tiempos disponibles para decidir el momento óptimo de cosecha y puede aumentar la presión sobre los equipos técnicos y las instalaciones.

Las condiciones térmicas fueron, en términos generales, suficientes para la maduración de las variedades de ciclo medio y largo en las principales zonas productoras. La acumulación de frío durante el otoño y el invierno de 2025 también fue adecuada en la mayor parte del país, favoreciendo una brotación relativamente homogénea. Las principales excepciones se localizaron en sectores cálidos del norte, como Pica y Tierra Amarilla, donde la falta de frío pudo provocar una brotación más irregular.
En el sur y el extremo austral se observó la situación contraria. Aunque estas zonas contaron con una buena acumulación de frío, algunas estaciones registraron grados día insuficientes. Esta menor acumulación térmica puede dificultar la maduración fenólica, la síntesis de compuestos aromáticos y el desarrollo del color, especialmente en variedades tardías. Si las temperaturas determinaron el ritmo de la temporada, la disponibilidad de agua estableció buena parte de sus límites. Aunque se registraron lluvias estivales en el norte, precipitaciones en sectores de la zona central y eventos intensos en el sur, estos episodios no lograron revertir el déficit hídrico acumulado. Debido a su concentración e intensidad, tampoco permitieron una recuperación suficiente de ríos, embalses y acuíferos.

Al 31 de enero de 2026, los embalses destinados al riego almacenaban apenas un 26,5% de su capacidad, mientras que aquellos utilizados conjuntamente para generación eléctrica y riego alcanzaban un 28,7%. En relación con sus promedios históricos, estos sistemas mostraban déficits de 54,8% y 26,6%, respectivamente. La situación fue especialmente delicada entre Atacama y Valparaíso, con Coquimbo identificada como una de las regiones vitivinícolas de mayor fragilidad hídrica. Incluso en Los Ríos y Los Lagos se observaron descensos en caudales y acuíferos, señal de que la sequía hidrológica dejó de ser un problema exclusivo del norte y de la zona central.

La alta dependencia del riego aumenta esta vulnerabilidad: el 92% de los viñedos representados en la encuesta funciona bajo riego y solamente un 8% corresponde a sistemas de secano. No obstante, las condiciones variaron considerablemente entre territorios y unidades productivas. Mientras algunos predios contaron con reservas e infraestructura suficiente, otros enfrentaron estrés hídrico, menor productividad, superficies sin trabajar e incluso arranque de viñedos. Las diferencias regionales fueron significativas. Atacama presentó una producción relativamente estable, buena calidad y un estado sanitario adecuado, pese a sus restricciones hídricas. Coquimbo, en cambio, experimentó una mayor presión por la escasez de agua, acompañada por una reducción de la superficie productiva.

Aconcagua registró una producción similar a la temporada anterior, con buena calidad y sanidad de la fruta. En el Valle Central, donde se concentra la mayor superficie vitivinícola chilena, la producción fue buena, aunque heterogénea y muy condicionada por el acceso al agua. Allí también continuó observándose una disminución de la superficie de viñedos. La zona sur tuvo una temporada favorable, con buena condición sanitaria y una presión hídrica menor que la registrada en el centro, mientras que la región austral presentó indicadores positivos de calidad, aunque con variaciones de superficie y ciertas limitaciones térmicas.

Buena calidad general, pero con desafíos en los vinos tintos

A pesar de las dificultades agroclimáticas, la evaluación cualitativa de la vendimia fue positiva. El 75% de los productores indicó que la calidad de las uvas fue similar o superior a los registros históricos de sus viñedos. En las bodegas, alrededor del 80% de las variedades evaluadas recibió una calificación buena, muy buena o excelente al momento de la recepción. Más del 60% de los elaboradores calificó el estado sanitario de las uvas como bueno o muy bueno. El Sauvignon Blanc destacó especialmente, con cerca de un 90% de respuestas dentro de esas dos categorías. Pedro Giménez y Moscatel de Alejandría, en cambio, presentaron una mayor proporción de evaluaciones sanitarias regulares.

La temporada también entregó resultados favorables en materia de madurez. Un 66% de los elaboradores señaló que las uvas tintas alcanzaron buenos niveles de madurez fenólica. La intensidad aromática fue similar o superior a la temporada anterior en más del 80% de las respuestas, mientras que menos del 20% de los consultados observó taninos menos maduros. En las variedades blancas, más del 70% de los encuestados reportó niveles de acidez similares o superiores a los de 2025. Estos antecedentes permiten proyectar vinos blancos con buena frescura e intensidad aromática, aunque los resultados definitivos dependerán de la variedad, el territorio y las decisiones adoptadas durante la vinificación.

Las principales excepciones estuvieron en Moscatel Rosada y Riesling, donde una proporción importante de productores reportó una calidad inferior a la vendimia 2025. Moscatel de Alejandría y Riesling también mostraron evaluaciones menos favorables al compararlas con los registros históricos de los propios viñedos. El aspecto enológico más problemático de la temporada fue la menor intensidad colorante de algunos vinos tintos. Un 67% de las respuestas relacionadas con su elaboración identificó problemas de falta de color. Al revisar las variedades individualmente, entre un 20% y un 30% de los elaboradores observó una intensidad colorante inferior. País presentó un comportamiento comparativamente favorable, con solo un 10% de respuestas que señalaron una disminución.

La menor intensidad de color no implica necesariamente una baja calidad general. De hecho, los mismos vinos mostraron resultados mayoritariamente positivos en intensidad aromática, madurez de taninos y concentración en boca. Sin embargo, representa un desafío técnico y comercial en aquellos segmentos donde el consumidor continúa asociando un color profundo con una mayor concentración y calidad. El informe también identificó otros inconvenientes en bodega. En los mostos blancos, un 55% de las respuestas señaló dificultades de clarificación enzimática y un 35% reportó oxidación enzimática. En los tintos, un 30% mencionó problemas de oxidación y un 22% concentraciones elevadas de ácido glucónico, compuesto que puede relacionarse con daños en la fruta o con la presencia de enfermedades fúngicas. Estos inconvenientes fueron coherentes con las precipitaciones registradas durante la recolección, consideradas un factor desfavorable por el 47% de los productores. Las lluvias cercanas a la vendimia aumentan la presión de botritis y otros hongos, pueden diluir algunos componentes de la baya y, en determinadas circunstancias, obligan a adelantar la cosecha.

Junto con los problemas climáticos, la encuesta reveló otros factores que afectaron la actividad. Un 31% de los productores mencionó la presencia de enfermedades de la vid; un 29%, el costo de la mano de obra; un 20%, las plagas de animales, y un 15%, la heterogeneidad de las uvas. También se reportaron deshidratación en variedades tintas, precipitaciones estivales y falta de agua para riego.

Conclusiones

La vendimia 2026 confirmó la capacidad de adaptación de la vitivinicultura chilena. Frente a una temporada cálida, con escasez de agua y lluvias que interrumpieron la cosecha en distintas zonas, productores y enólogos lograron obtener uvas sanas y vinos con buenos niveles de madurez, frescura e intensidad aromática. Sin embargo, estos resultados favorables no deben ocultar las tendencias de fondo. El déficit hídrico continúa extendiéndose territorialmente, las olas de calor aceleran la maduración, las precipitaciones son cada vez más irregulares y la coincidencia de cosechas adelantadas aumenta la presión sobre la mano de obra, el transporte y la capacidad de las bodegas.

La principal enseñanza de 2026 es que una buena vendimia ya no puede medirse exclusivamente por la calidad de la uva o del vino. También debe evaluarse por la capacidad del sector para sostener sus viñedos, asegurar el acceso al agua, conservar la diversidad territorial y anticiparse a temporadas cada vez más variables. La cosecha entregó buenos frutos, pero también una advertencia clara: el futuro del vino chileno dependerá crecientemente de la gestión hídrica, el manejo de los suelos, la elección de variedades y portainjertos, la planificación territorial y la capacidad de adaptarse a un clima que está modificando los calendarios y las certezas históricas de la vitivinicultura nacional.


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Fuente: Informe de Vendimia 2026, elaborado con información agroclimática de la Dirección Meteorológica de Chile, la Dirección General de Aguas y la Red Agrometeorológica de INIA, junto con los resultados de la Encuesta de Vendimia 2026 de la Asociación Nacional de Ingenieros Agrónomos Enólogos (ANIAE).