Articulo #261
El color del vino

El color del vino

POR PATRICIA VARELA

JUNIO DEL 2026

El arte es una necesidad humana que nos permite dialogar con la realidad que vivimos, es el reflejo de nuestra existencia emocional individual y colectiva. El arte permanece a través del tiempo, promueve el diálogo y nos invita a imaginar; y al igual que el vino, es un ingrediente distintivo de la cultura e identidad de un país.
No es equivocado señalar que enólogos y artistas comparten la habilidad, la dedicación al estudio y la pasión. En palabras de Rodrigo Alvarado: “Es indispensable contar con aptitudes innatas para ejercer con buen éxito la profesión, especialmente en la fase de elaboración o crianza del producto. Estas aptitudes tienen que ver con la capacidad de catar e informarse por medio de los sentidos involucrados en este acto —es decir, virtualmente todos—, y de correlacionarlos con las características que señalan las variables conocidas recurriendo a los conocimientos de la química, la física y la microbiología. Por lo tanto, los enólogos deben tener —necesariamente— una base científica que, mientras más amplia y profunda, otorga mayor capacidad de discernimiento técnico. También precisan de su inspiración artística, en el sentido de atender a su talento, intuición e inspiración”.
Muchos se preguntan cómo surge la idea de un cuadro o un proyecto artístico. Y siendo bien honesta, es algo bastante difícil de explicar, pero casi siempre surge en momentos de divagación, no por nada la palabra negocio está compuesta de la palabra ocio, y es que precisamente ambos conceptos hacen referencia a hacer o pensar algo sin retribución. Pero es precisamente ese tiempo sin recompensa y que es placer, el espacio de la creatividad, para soñar, para jugar con nuestra mente, y ocurre que en algún punto esa vaga imagen mental se transforma en idea, ocupación, y da lugar al proceso creativo.
También ocurre que durante el proceso creativo, en algún punto este comienza a ser más intelectual, con dibujos, anotaciones, pruebas en papel, rayones y un cúmulo de elementos que nos van alejando de la emocionalidad que nos provocó esa imagen divagante. Cuando se llega a ese punto, donde nos enfrentamos a esa dualidad, esa primigenia idea la odiamos, dudamos, nos bloqueamos, hacemos consultas a un tercero con un sinfín de cuestionamientos, hasta que finalmente ocurre el punto de inflexión creativa y ordenamos ese caos para comenzar. En definitiva, una obra de arte es la evidencia tangible de las experiencias divagantes, y que como escribe Shaun Tan: “Son la evidencia de una imaginación a la deriva, impulsada por una pregunta seductora, compleja y eternamente fascinante: "¿Qué pasaría si…”

El arte incorpora y recoge una fracción de las experiencias personales como un retazo sensorial para no olvidar. La clave del artista es la capacidad de interpretar, simplificar y trasladar una experiencia sensorial a un elemento concreto, estético y visual, como son las pinturas; pero más que nada es la simplificación de la comunicación a través de un elemento crucial: el color.

El color genera identidad, nos permite categorizar, evocar emociones y valores; lo vemos en las camisetas de fútbol, de selecciones deportivas, partidos políticos, señaléticas, etc. El color nunca carece de significado y no sólo es una cuestión de estética, los griegos hablaban que lo verdadero, lo bueno y lo bello convergen.

Mirar sabiendo lo que estamos mirando, porque ya lo conocemos o porque de alguna forma lo tenemos en nuestro registro interno, nos da la libertad de estar en el presente, de detenernos y hacer una pausa. Los colores que registramos no son caprichos de nuestros ojos, son asociaciones desde la profundidad de nuestra infancia y que están presentes en nuestro lenguaje, pensamiento y corporalidad. El verdadero poder del color reside en que es una posesión con lenguaje propio, y que puede ir cambiando con el devenir de los años de nuestras historias personales.

En palabras de Riccardo Falcinelli: “Desde un punto de vista histórico, el rojo es el primer color ‘realizado’ por el ser humano” , con pigmentos extraídos de la naturaleza y empleado desde la prehistoria como lo demuestran las antiguas pinturas rupestres.

En la sociedad actual el color no sólo es una característica o una sensación, también y en gran medida es una idea o una expectativa. Asociamos e identificamos colores a ciertos objetos o marcas, que nos parece dificultoso imaginarlos de otra manera. Comprender el color de una sola manera es ser un poco miope, a decir verdad.

Decir rojo rubí, granate o púrpura para los vinos tintos, y amarillo verdoso, pajizo o dorado para los blancos, es entregar una información a medias. Entiendo que al nombrarlos de esa manera, el consumidor puede tener una idea aproximada del color que va a ver en su copa y, por lo tanto, también la edad del vino, para los entendidos. Pero si en la etiqueta ya se indica la fecha de la cosecha, con esa información ya me puedo hacer una idea del color de ese vino, ¿o no? ¿O será que solo algunos pueden tener una aproximación cromática porque saben que existe una relación entre el color, la cepa y la añada, entre otros factores? No quiero decir que esa fecha en la etiqueta esté mal, ni que sea necesaria una campaña publicitaria para hablar del color del vino. No, no me parece necesario. Pero ciertamente el tinte del vino sí se puede traspasar al papel, y ese soporte, tangible y visual, simplifica la difícil tarea que es comunicar el color del vino.

La visualización concreta del color expande las infinitas posibilidades de comunicar y de emocionar; da la libertad de interpretar, comprender y asociar características que cada consumidor posee en su memoria de experiencias. Las personas no compramos un objeto en sí, sino la idea de este. Pues bien, ¿qué pasaría si…? En un momento divagante se mete un pincel en la copa de vino, imitando el proceso de la acuarela; una capa, dos capas, tres capas… mismo color y diferentes profundidades tonales. El color del vino, el tinte del vino: La Tinta del Tinto.

Sobre la autora:

Patricia Varela es Diseñadora Gráfica PUCV, acuarelista e ilustradora naturalista. Diplomada en Ilustración Naturalista de la PUC y Diplomada en Comunicación de Vinos de la UNAB. Creadora de la marca La Tinta del Tinto®, un espacio donde interactúan el arte, la comunicación y la pasión por el vino.




Referencias

1. Alvarado Moore, Rodrigo (1997). El Mundo del Vino. Editorial Turismo y Comunicaciones S.A.

2. Eiseman, Leatrice (2022). Armonía Cromática Edición Pantone®. Editado por Blume.

3. Falcinelli, Riccardo (2019). Cromorama. Penguin Random House Grupo Editorial.

4. Tan, Shaun (2011). Esbozos de una tierra sin nombre. Barbara Fiore Editora.

5. Von Goethe, Johann Wolfgang (1994). Teoría de los colores: las láminas comentadas. Editorial Gustavo Gili.