Articulo #256
De la mala insana a la mesa: El viaje de la berenjena
MAYO DEL 2026
Al igual que otros productos que hemos reseñado en artículos anteriores, la berenjena llega a nosotros desde la India aproximadamente hace unos 2000 años, con la identificación botánica de Solanum incanum. Se la menciona en textos de medicina; sin embargo, el consenso es que en esta época ya se encontraba extendido su cultivo por todo el sudeste asiático, y sus usos se dividían entre finalidades medicinales y alimenticias.
Probablemente con una apariencia distinta y con otras variedades de las que conocemos en estas latitudes. Su migración fue impulsada por los grandes viajeros árabes, ya que para el universo musulmán llegó a tener un importante sitio culinario. Aparece en múltiples documentos religiosos y oficiales del siglo X; posteriormente se les encuentra en recetarios y libros de agricultura, estableciéndose así distintas variedades.
Probablemente con una apariencia distinta y con otras variedades de las que conocemos en estas latitudes. Su migración fue impulsada por los grandes viajeros árabes, ya que para el universo musulmán llegó a tener un importante sitio culinario. Aparece en múltiples documentos religiosos y oficiales del siglo X; posteriormente se les encuentra en recetarios y libros de agricultura, estableciéndose así distintas variedades.
Traída al Mediterráneo en la Edad Media (siglo XV), fue introducida en España. Luego, su cultivo se extendió por los márgenes del Mediterráneo: Italia y Grecia en los siglos XVI y XVII, y posteriormente Francia. Sin embargo, su introducción en Europa no fue fácil, de allí deriva probablemente su mala fama, por ser difícil de cocinar y además por la imposibilidad de ser consumida cruda. Era considerada venenosa y se le atribuyeron enfermedades como fiebres, epilepsia e incluso locura. Esta calificación incluía también otros alimentos de la misma familia de las solanáceas. Comúnmente se les reconocía con nombres peyorativos como melanzana (del latín mala insana, "manzana insana") o metanógena ("manzana loca").
El inicio del rescate gastronómico
El primer "rescate" gastronómico proviene del llamado Cancionero de Baena (Juan Alfonso de Baena, siglo XV, España), en el que se dan a conocer canciones que destacan los usos de la berenjena: "Cantiga de Macías para su amiga... berenjena, el cual han por buen manjar. Si Dios me dé buen estrena, quiero...". Posteriormente, la variedad que conocemos hoy —muy distinta a la original asiática en forma, color y tamaño— fue introducida en América por los españoles. Como dato ilustrativo, el 21 de diciembre se instituyó mundialmente en las redes sociales el Día de la Berenjena, para destacar especialmente su versatilidad culinaria y sus cualidades.
Sus mayores productores están en el sudeste asiático: China, India, Indonesia, Filipinas y Japón. También en el Oriente Medio: Egipto, Turquía e Irán, como ya dijimos, en variedades diferentes. En el mundo mediterráneo, Italia y España cultivan las que nos han sido legadas. Aunque su valor nutritivo es relativamente pobre y contiene escasas vitaminas, carbohidratos, proteínas y minerales como fósforo, magnesio, hierro y calcio, su contenido hídrico es lo destacable, además de que casi no tiene calorías.
Sin embargo, es un producto muy utilizado en recetas típicas de diferentes culturas. En España, catalanes y manchegos la preparan en alboronía y sanfaina respectivamente; en Italia, en caponata y parmigiana; en Grecia, en musaka; en Turquía, en imam bayıldı; y en el mundo árabe, en baba ganush. Generalmente se la cocina salteada, rebozada o asada, acompañada de los típicos productos incorporados a la cocina mediterránea, como las aceitunas y los pimientos, que la cubren de sabor y textura, convirtiéndola en una apetitosa protagonista de comidas, aperitivos y salsas para nuestro placer culinario.
Por eso he querido traerla a colación entre los alimentos integrantes del inventario gastronómico mundial. A pesar de su mala fama histórica, debemos reivindicar sus múltiples usos y su sabor, notoriamente presente en una gran variedad de promesas gastronómicas cada vez más escasas en nuestros espacios culinarios contemporáneos.
Sus mayores productores están en el sudeste asiático: China, India, Indonesia, Filipinas y Japón. También en el Oriente Medio: Egipto, Turquía e Irán, como ya dijimos, en variedades diferentes. En el mundo mediterráneo, Italia y España cultivan las que nos han sido legadas. Aunque su valor nutritivo es relativamente pobre y contiene escasas vitaminas, carbohidratos, proteínas y minerales como fósforo, magnesio, hierro y calcio, su contenido hídrico es lo destacable, además de que casi no tiene calorías.
Sin embargo, es un producto muy utilizado en recetas típicas de diferentes culturas. En España, catalanes y manchegos la preparan en alboronía y sanfaina respectivamente; en Italia, en caponata y parmigiana; en Grecia, en musaka; en Turquía, en imam bayıldı; y en el mundo árabe, en baba ganush. Generalmente se la cocina salteada, rebozada o asada, acompañada de los típicos productos incorporados a la cocina mediterránea, como las aceitunas y los pimientos, que la cubren de sabor y textura, convirtiéndola en una apetitosa protagonista de comidas, aperitivos y salsas para nuestro placer culinario.
Por eso he querido traerla a colación entre los alimentos integrantes del inventario gastronómico mundial. A pesar de su mala fama histórica, debemos reivindicar sus múltiples usos y su sabor, notoriamente presente en una gran variedad de promesas gastronómicas cada vez más escasas en nuestros espacios culinarios contemporáneos.
Sobre el autor
Gastón Jara León es historiador y sociólogo de la Universidad de Chile, con estudios de maestría en Etnohistoria en la misma casa de estudios. Cuenta con más de cuarenta años de trayectoria profesional como investigador y académico, desarrollando una labor sostenida en el ámbito de la historia social, la cultura y los procesos de construcción identitaria.
Ha ejercido como profesor de Historia y Economía en la Universidad de Chile y en la Universidad San Sebastián, combinando la docencia universitaria con la investigación histórica y la reflexión interdisciplinaria. En paralelo, ha cultivado una línea de divulgación cultural y gastronómica centrada en la historia de los alimentos, sus procesos de domesticación y su proyección simbólica en las sociedades humanas.
Su trabajo se sitúa en la intersección entre historia, sociología y patrimonio alimentario, abordando los productos gastronómicos no solo desde su valor culinario, sino también desde su dimensión histórica, mitológica y social. En sus escritos combina fuentes académicas, referencias literarias y antecedentes científicos, proponiendo una mirada integral que vincula alimento, territorio e identidad cultural.
Ha ejercido como profesor de Historia y Economía en la Universidad de Chile y en la Universidad San Sebastián, combinando la docencia universitaria con la investigación histórica y la reflexión interdisciplinaria. En paralelo, ha cultivado una línea de divulgación cultural y gastronómica centrada en la historia de los alimentos, sus procesos de domesticación y su proyección simbólica en las sociedades humanas.
Su trabajo se sitúa en la intersección entre historia, sociología y patrimonio alimentario, abordando los productos gastronómicos no solo desde su valor culinario, sino también desde su dimensión histórica, mitológica y social. En sus escritos combina fuentes académicas, referencias literarias y antecedentes científicos, proponiendo una mirada integral que vincula alimento, territorio e identidad cultural.