Articulo #229
El vino no se explica, se siente
AGOSTO DEL 2025
Hoy, una nueva generación de sommeliers, comunicadores y productores está tendiendo puentes entre lo técnico y lo emocional. Porque el vino no se rinde solo al análisis: también se deja atravesar. Es, probablemente, la bebida con mayor capacidad de expresar un lugar, un clima y la mano que lo elabora. Un terroir hecho líquido. Pero su verdadero valor surge de cómo nos encuentra: puede ser el protagonista de una celebración, el compañero silencioso de una despedida o la chispa de un reencuentro. No siempre hace falta traducirlo a palabras; a veces basta con sentirlo. Esa dimensión emocional es directa, íntima y democrática: no exige credenciales ni conocimientos previos, solo apertura.
Abrir una botella no es un acto casual. Es un gesto elegido. Antes de que el corcho salga, hay una intención: guardar, compartir, agradecer, celebrar. Ese pequeño ritual abre un espacio distinto, más lento y más humano, donde el vino se convierte en testigo y cómplice. Quizás por eso está presente en tantos momentos significativos, no porque sea solemne, sino porque sabe estar sin imponerse.
Las redes sociales, los proyectos creativos y los contenidos educativos están transformando el vínculo con el vino. Hoy, es posible hablar de él sin fórmulas rígidas ni jergas excluyentes. Se puede informar, educar e inspirar con humor, cercanía y sencillez. En esa línea, la labor de la comunicación se vuelve un acto de cuidado: invitar sin imponer, abrir la puerta a quienes alguna vez creyeron que el vino no era para ellos.
El vino no exige títulos ni pide la palabra exacta. Se transforma cuando se comparte y muchas veces expresa lo que no nos animamos a decir. Quizás por eso, una de las formas más genuinas de comunicarlo sea, simplemente, servirlo y dejar que hable por sí mismo. A veces, la mejor manera de explicar el vino es con una pausa, una copa… y un silencio que invite a sentir.
El vino no exige títulos ni pide la palabra exacta. Se transforma cuando se comparte y muchas veces expresa lo que no nos animamos a decir. Quizás por eso, una de las formas más genuinas de comunicarlo sea, simplemente, servirlo y dejar que hable por sí mismo. A veces, la mejor manera de explicar el vino es con una pausa, una copa… y un silencio que invite a sentir.
(*) Sobre la autora:
Marina Di Rocco es Sommelier Profesional graduada en la Escuela Argentina de Vinos y certificada WSET Level 3. Es comunicadora de vinos, gastronomía y viajes, a través de sus diversas plataformas.